martes, 14 de marzo de 2017

Encuentro 93

Tengo la intención de empezar este año con novedades comentadas sobre algunos temas y autores en particular que a su vez iluminen espacios nuevos o enriquezcan los ya conocidos.
Siempre desde lecturas sesgadas pues no tengo acceso a los libros editados por todas las empresas que se dedican a la LIJ. Reparé en escrituras literarias, en aquellos textos que se corren de las fórmulas fijas de intercambio, de los enfoques hechos a la medida de un posible lector niño.
Reiterado hasta el cansancio para leer literatura hay que desconectar el “piloto automático del  habla” con el que vivimos a diario y armar un texto diferente, creativo que integre las reglas básicas del constructo literario.
Estamos siempre parados en el mismo punto de largada con diferentes temas. Leo editadas, buenas propuestas de escritura que no se aproximan a la literatura. No hay ese amasado de ideas, puestas en palabras con el tono, el estilo y la fuerza de un escrito literario. La prudencia y los años de trabajo ponen freno al deseo de transcribirles un fragmento de lo que “no es”. De inmediato se impone lo que es: “hace tiempo que los recuerdos más  antiguos de pequeña no volvían a su cabeza, pero ahora, sin poder evitarlo, se acuerda del primer día en que vio a sus padres. Le parecieron raros, casi de otro planeta: con las narices muy grandes, con los ojos saltones. Nunca había visto a una mujer con el pelo de otro color que no fuera negro, así que el pelo de color claro de mamá le pareció horrible, y también le pareció horrible  aquel hombre que tenía pelos en la cara. Se acuerda ahora, como si todo volviera a pasar y ella no pudiera borrarlo de la mente, de que lloró mucho,  de que gritó, lloró todo el rato durante aquel viaje tan largo con aquellos seres extraños que le hablaban…. “. (Elvira Lindo,  Amigos del Alma: 30, 2008, Madrid Santillana infantil.)

Este cuento tiene un argumento en apariencia sencillo: Arturo y Lulai son amigos. Amigos de verdad. Les gustan las mismas cosas y siempre se divierten con juntos. Son inseparables. Hasta que un dia Arturo se enoja con ella y le dice que se vaya a la China y no regrese nunca más. Esa noche Lulai llora,¿ cuando volverá a jugar con él? ¿Por qué le dijo  cosas tan espantosas? Antes de dormir, sus padres como lo hacen cada noche la besan y la calman. Pero el dia siguiente, Lulai vuelve al colegio donde está Arturo y ahí viene la mejor parte de esta historia, que tiene que ver con la reparación. Es un libro que recoge muchas  emociones: celos, enojo, la pena de ser una niña adoptada, las diferencias culturales  y por supuesto la amistad y el perdón. Las ilustraciones de Emilio Urberuaga acompañan el tono de cada situación y le dan un cierre maravilloso. La autora es escritora y guionista y se la conoce además por ser la creadora de Manolito Gafotas, un personaje entrañable de la LI española.

 Nada es suficiente, Lydia Carreras. 2017. Buenos Aires.  Nube de Tinta.
Este libro merece una pequeña introducción, se lo pedí a la autora a quien conozco solo a través de intercambios virtuales y como lectora de su obra.
Mi trabajo sobre género me llevó a pensar que ella tiene una mirada interesada sobre la adolescencia de las mujeres. No una más, una diferente. Como lo fueron Sapos de la memoria de Graciela Bialet, Ojos de perro siberiano de Antonio Santa Ana, El infierno de los vivos de Alicia Barberis,  y otros más. No me refiero solamente al género mujer, hablo de género.
Este libro de Lydia Carreras me transportó al abismo de los celos, de la baja estima, de la falsa virilidad, de los miedos y finalmente de la violencia.
De un tirón me hice de ese mundo y sufrí con Daniela, mejor dicho junto a Daniela, la protagonista, quizás porque ella guarda algo de cada mujer, seguro algo de mí y su evolución hacia el despeñadero es lenta, progresiva, inexorable. Como lectora, hubiera querido torcer ese rumbo,evitarle el dolor. Pero como en la vida real, a veces es inevitable.
Y en verdad para ciertos hombres y mujeres, muchas veces Nada es suficiente. Título que encaja perfectamente con esta historia común, recomendable para jóvenes y adultos, padres sobre todo, y tías como Cielo y de las otras también, a ver si despiertan antes de envejecer.
Daniela es una chica de clase media argentina, con padres profesionales, muy ocupados en sí mismos que la quieren, con un compañero que la ama a quien ella no registra como enamorado porque él  se borra con sus inseguridades y con un novio que se las trae.
Y no más para contar, mucho para leer y preguntarse: ¿qué pasa con la mujer  y con los varones cuando no pueden verse con la riqueza personal que les pertenece? ¿Qué familia genera esas personalidades que se invisibilizan? ¿Por qué la violencia es  un mecanismo de acción constante?
Un tema actual, por desgracia para la sociedad, muy bien contado. Me conmovió.
La ilustración de tapa es de Raquel Cané, otro acierto.
Mi comentario quizás tenga poco de literatura. El libro deja abierta las puertas de muchas preguntas y preferí privilegiar eso de medular que tiene: abre interrogantes, va hasta el fondo del problema, no es epidérmico. Hace pensar y en este caso duele.

Será hasta el próximo arrimo. Ya se asoma la Feria del libro Buenos Aires.. 

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